De mayor quiero ser como mi hija

Yo de mayor, lo tengo claro, quiero ser como mi hija.

Cuando estaba en la facultad solía tener la sana costumbre de ver los festivales de publicidad. Hace muchos años que abandoné ese vicio pero recuerdo uno de los anuncios que ahora siendo padre entiendo mucho mejor. Decía algo así como que si respetamos el mundo de los niños no necesitamos crear un mundo mejor para ellos. Ahora lo veo con total claridad.

Los niños no tienen dobleces ni prejuicios, no saben mentir, son transparentes, sensitivos. Poco a poco los mayores vamos recortando toda su creatividad y su libertad. En algunas ocasiones por las obligadas normas sociales. En otras por acomodarlos al mundo en el que les ha tocado vivir. En algunas ocasiones para que no nos dejen en evidencia con su sinceridad. En otras porque es más cómodo y fácil para nosotros. El día en que mi hija dejó de pintar arboles rosas y me pidió que imprimiera a la Doctora Juguetes para colorearla exactamente igual me eché las manos a la cabeza. ¡Había empezado! Su creatividad empezaba a adaptarse al medio.
Por eso he decidido que…

Yo de mayor quiero ser como ella y no discriminar por gustos, por colores, por creencias, por sexo o por el color de la piel. Para ella hay dos colores carne, el nuestro y el de su mejor amigo, el marrón (no negro, ojo, marrón).

Yo de mayor quiero ser como ella y ser capaz de decir que no me apetece dar un beso, que estoy cansado, que quiero seguir bailando y viendo dibujos, que no me gusta el pescado y que un pedo es divertido.

Yo de mayor quiero ser como ella y poder enfadarme, patalear y llorar y poder reír a los 5 minutos sin acordarme de lo que me había hecho enfadar, patalear y llorar.  Creo que es uno de los secretos de su felicidad.

Yo de mayor quiero ser como ella y resolver las cosas con abrazos y besos y no con complicadas conversaciones. Quiero resetear cada mañana y vaciar el termo del rencor que mantiene siempre caliente los errores del pasado (los míos y los de los demás).

Yo de mayor quiero ser como ella y disfrutar sólo de estar juntos, de saltar, de correr, de respirar aire fresco, de pintar, de leer o de ver la tele en el sofá con una mantita sin necesidad de grandes planes, grandes viajes ni cenas caras. No saber el valor exacto del dinero otorga importancia a las cosas más valiosas y nosotros lo olvidamos con demasiada frecuencia.

Firmado: Papá nostálgico

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